Un bozal cuelga en el perchero de la casa del hermano de la auxiliar de enfermería contagiada de ébola. Sí, era de Excálibur. “Me acompañaba a todos lados, me seguía siempre”, dice José Ramón, quien es en realidad el propietario legal del perro, según acredita la documentación que mostró a elmundo.
Sentado en el salón de su casa José Ramón Romero, de 40 años de edad, recuerda a Excálibur viendo las últimas fotos que tiene de él. Forman parte de un álbum familiar del verano del año 2010 en Becerreá (Lugo). José Ramón llamaba a Exclálibur de forma cariñosa con el diminutivo “Bur”. Según explica siente mucho su ausencia.”Ya que no me lo pueden devolver vivo, pues lo mataron al pobre, que al menos nos den sus cenizas”, comentó José.
¿DÓNDE ESTÁN LAS CENIZAS DE EXCÁLIBUR?:
Realmente es todo un misterio y a pesar de que muchos medios se han interesado en saber donde están las cenizas de Excálibur, nadie da respuestas a la pregunta.
Excálibur fue incinerado en el crematorio de mascotas San Antonio Abad Memorial Center, ubicado en Paracuellos del Jarama (Madrid). Desde allí han asegurado que las cenizas no se han tirado, que todavía se conservan pero no han querido revelar quién las tiene ni donde. “Sólo respondemos ante quien nos dio la orden de la incineración”, comentaron desde el crematorio San Antonio Abad Memorial Center.
En el Juzgado Contencioso Administrativo número 2 de Madrid, desde donde se dictaminó la eutanasia de Excálibur, aseguran no saber nada de las cenizas del perro.
“Las cenizas están custodiadas hasta que se devuelvan a la familia”, explicaron desde la Consejería de Sanidad.
LA HISTORIA DE EXCÁLIBUR:
José Ramón explicó cual es la historia de Excálibur y como lo consiguieron. Todavía conserva la cartilla del año 2003 cuando se la firmó un veterinario de As Nogais (Lugo).
El perro llegó a manos de José Ramón en el año 2002, con apenas cuatro meses de vida. “Nos lo dio un amigo de Zamora que se lo había encontrado cerca del Duero hecho una pena”. Era un cruce de American Staffordshire y Pit bull y decidieron bautizarlo como Excálibur.
En el año 2007 “Bur” se trasladó a vivir con Tere y Javi a Alcorcón (Madrid).
Excálibur era el perro de toda la familia. Una mascota criada en el barrio en el que su hermana y él mismo nacieron: Carabanchel (Madrid). Creció rodeado de Teresa, de José Ramón y de los padres de éstos, Jesusa y Beningo. Excálibur no recibió adiestramiento profesional.”Me seguía por la Casa de Campo cuando iba en bici y así fue aprendiendo de la vida”, cuenta José Ramón, “disfrutaba cuando le tiraba un palo y tenía que entrar al agua a morderlo”.
Excálibur habría cumplido 13 años en el mes de diciembre, todo un récord para los de su raza (difícilmente alcanzan los 15 años). “El Bur se ha recorrido toda España conmigo y con Lágrimas y Rabia, el grupo de música que tenía en 2003″. “En esos viajes Excálibur empezó a relacionarse con otros perros. Sin embargo, nunca tuvo descendencia”, comentó José Ramón.
José Ramón explica que Excálibur tenía la licencia de perro potencialmente peligroso desde que un día se perdió en el centro de Madrid. “Acabó en la perrera al lado de la Autónoma”. “Para sacarlo de allí tuvimos que sacar la licencia de perro potencialmente peligroso, por una orden que obligaba a los pitbulls a tenerla”.
Charo, cuñada de Teresa, era de las personas que más le quería y aún llora por él. “Guapo [lo llamaba] dormía conmigo, yo era como su novia”. Charo fue una de las impulsoras de la campaña para que no fuera sacrificado. “Si tú traes un virus a España y puede haber un riesgo como ha pasado, tienes que tener la capacidad de controlar el posible contagio de un animal, no decidir automáticamente sacrificarlo”, dice. “Hubiese sido el primer animal doméstico contagiado por un humano… ¿Eso no merece la pena ser estudiado?”, pregunta Charo.
El pasado día 8, cuando lo sacrificaron, José Ramón hizo un último intento por salvarlo. “Me fui corriendo a Alcorcón, pero ya había muerto y me sentí muy mal”. Ahora, su único consuelo sería recuperar sus cenizas. Al final, susurra un epílogo con una mueca de sonrisa/consuelo: “Pobre… De alguna manera siempre pensé que era un perro destinado a ser famoso”. Se llamaba Excálibur, y han escrito de él en The New York Times o el Wall Street Journal. El perro español del ébola. Una locura.
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